En Targum hablamos mucho de traducción. Y nosotros nos preguntamos, ¿qué sabes acerca de esta profesión? La conocida Piedra de Rosetta, datada del año 196 a. C representa, para algunos historiadores, el origen de la misma por ser el primer texto escrito en tres idiomas diferentes (los jeroglíficos egipcios, la escritura demótica y el griego). Otros, sitúan el origen de la traducción en los textos bíblicos, traducidos del hebreo al antiguo griego. Sea cual sea su punto de partida, la función del traductor a lo largo de los siglos se mantiene: descifrar y transmitir conocimientos entre dos partes interesadas. Ahora bien, ¿interesadas en qué? Principalmente, en comprenderse.
El primer traductor europeo del que se tiene noticia fue un esclavo griego liberado, Livius Andronicus, quien tradujo La Odisea al latín en verso. Como él, muchos otros de los que no se tiene conocimiento se embarcaron en la labor de traducir e interpretar el lenguaje a un particular o un público objetivo desde los inicios de la escritura. Además, Andronicus fue el primer poeta conocido en latín. Entonces, ¿todos los traductores son también escritores? Los traductores no tienen por qué ser escritores apasionados por la lectura; aunque muchos lo son, atraídos por la riqueza del lenguaje en todas sus formas, lo esencial en esta profesión es la capacidad de comprender, adaptar y transmitir con precisión el sentido y la intención del texto original.
Como este, aún hoy existen errores de entendimiento sobre el trabajo de traductores e intérpretes. Una de las equivocaciones más comunes consiste en mezclar la traducción con la interpretación, cuando la traducción se refiere al contenido escrito, mientras que la interpretación se ocupa del lenguaje oral y se produce al momento. Otro error lo encontramos en no saber identificar el lugar y momento de trabajo de los traductores. ¿Alguna vez has experimentado cansancio tras pasar varias horas conversando con un amigo en otro idioma? Muchos profesionales interpretan simultáneamente en contextos sociales como acto de generosidad cuando, realmente, están trabajando.
En la actualidad, entre los aspectos principales que caracterizan al profesional contemporáneo se encuentra un conocimiento sólido de la cultura, precisión lingüística, experiencia especializada, el uso de las herramientas adecuadas y un compromiso con el aprendizaje continuo. Muchos de estos aspectos provienen de una formación específica en la materia que otorga la legitimidad correspondiente en el ámbito de la traducción e interpretación. Cabe mencionar las mujeres que a lo largo de la historia se han dedicado también a la traducción, aunque sus nombres no hayan quedado registrados ni se hayan reconocido sus obras. Muchas de ellas contribuyeron de forma silenciosa a la transmisión del saber, a la difusión de ideas y a la construcción de puentes entre lenguas y culturas, sin que su labor fuera valorada como merecía.
Y tú, ¿qué crees que caracteriza hoy en día a un buen traductor o traductora? ¿Cómo crees que se encuentran buenas referencias? Con los traductores e intérpretes ocurre algo distinto que con los cantantes, actores o músicos. No existen ránquines de «mejores profesionales» y, muchas veces, resulta difícil saber por dónde empezar a buscarlos. Sin embargo, esto no significa que su labor pase desapercibida. De hecho, su presencia es mucho más visible de lo que solemos pensar: aparecen en medios de comunicación, participan en actos públicos y ocupan espacios de representación. Aunque no con la frecuencia que sería deseable, su trabajo es esencial y se hace notar en múltiples contextos, demostrando la relevancia y el impacto de su profesión.
Un mes después del Día Internacional de la Traducción, nos preguntamos en este blog cuál es la historia y las características de este perfil profesional en todo el mundo y nos imaginamos cómo sería este planeta sin su labor. ¿Crees que sería posible comunicarnos? Tal vez, como en la bíblica Torre de Babel, nos sentiríamos desorientados y confundidos, incapaces de entendernos entre nosotros. Y no solo eso: además de no poder entendernos por la barrera lingüística, tampoco seríamos capaces de transmitir correctamente un mensaje. Ahí reside la importancia de la traducción y la interpretación: en el dominio del lenguaje, en la capacidad de comunicar con precisión aquello que se desea decir tal y como se quiere decir. Con el mismo contenido y forma.