¿Por qué encargar servicios lingüísticos a profesionales del sector? En el ámbito cristiano existen diversas figuras dentro de la institución eclesiástica que desempeñan papeles destacados: el pastor, los ancianos, los diáconos y todas aquellas personas que asumen responsabilidades visibles ante la congregación, según la denominación o tradición a la que pertenezcan. Sin embargo, también hay quienes trabajan detrás de escena, en labores menos visibles pero igualmente esenciales. La realidad es que cada servicio ofrecido a Dios y a Su Iglesia, sin importar cuán evidente sea, es una semilla que contribuye al crecimiento de Su Reino.
En la sociedad actual, el valor del lenguaje y de la correcta expresión, tanto escrita como oral, parece diluirse; abundan los errores ortográficos y gramaticales en Internet, en documentos oficiales e incluso en discursos de líderes políticos. Ante esta realidad, los cristianos deberían preguntarse dónde posicionarse, dado que el lenguaje es una herramienta poderosa para comunicar el mensaje del Evangelio y confiar en profesionales del sector lingüístico refleja el compromiso de la Iglesia con la verdad y el buen testimonio.
Ahora bien, ¿por qué las personas cristianas deberían cuidar el lenguaje? El conocimiento de Cristo a través de la Biblia y los evangelios ha llegado hasta nuestros días gracias a los primeros traductores que, sin recibir este nombre, se esforzaron para que los escritos pudieran ser comprendidos en su tiempo. Hoy en día, la Biblia continúa traduciéndose y reformulándose en nuevas versiones, lo que demuestra que desde los inicios del cristianismo hasta ahora la traducción y la interpretación han sido fundamentales.
Los cristianos cargan con la responsabilidad de una tradición que ha otorgado un valor fundamental al lenguaje; y si son fieles a esa historia, deben seguir trabajando en su defensa. El trabajo cristiano orientado a la evangelización requiere una corrección, traducción e interpretación cuidadosa y adecuada para que el servicio sea verdaderamente completo y efectivo.
¿Por qué optar por profesionales? En cualquier ámbito laboral, la opción más sensata es acudir a personas especializadas en la materia. En el contexto cristiano, esto resulta aún más crucial, ya que los resultados son mucho más fructíferos cuando se cuenta con profesionales que combinan formación en lenguaje y teología cristiana. Además, encargar esta tarea a no profesionales puede tener graves consecuencias tanto en el resultado ofrecido como en la persona que, con la mejor de las intenciones, se presta a aportar su ayuda. Hablar o conocer una lengua no te hace de forma automática experto en ella. Es como pensar que porque tengo un aparato digestivo funcional soy automáticamente experto en digestión.
Poner sobre los hombros de no profesionales ciertas tareas lingüísticas puede acabar ofreciendo un resultado pobre que repercute en cómo recibe el mensaje el público al que me dirijo. ¿De qué sirve invertir en traer desde el extranjero a un gran experto en un tema que ofrece una conferencia maravillosa si se va a perder todo o parte del fuelle en el proceso de interpretación? Por otro lado, la persona inexperta que ofrece su apoyo en la tarea de interpretación acabará con una sensación de agotamiento mental e insatisfacción si no ha sido correctamente entrenada para ello. Es muy difícil comprender el nivel de estrés mental al que se someten los intérpretes hasta que no se experimenta. ¿Sabías que los intérpretes de grandes instituciones como la UE o la ONU trabajan en turnos alternando intervalos de 30 minutos de interpretación y 30 minutos de descanso debido al desgaste que produce? Tras esos 30 minutos, el rendimiento de hasta el mejor de los intérpretes cae en picado y por eso no es una labor que deba tomarse a la ligera.
Lectura fácil
Es además importante destacar que el lenguaje se trabaja para que pueda ser comprendido por el mayor número de personas posible. En este sentido, las barreras no se limitan únicamente a las diferencias idiomáticas; también existen obstáculos relacionados con la accesibilidad y la inclusión de los contenidos.
Las personas con discapacidades cognitivas, sensoriales o del desarrollo, entre otras, pueden encontrar dificultades para acceder al mensaje si este no está presentado en un formato adecuado. Si se cree que la fe en Cristo no está reservada a un grupo limitado de personas, se utilizará un lenguaje accesible para todos, incluyendo a las personas con discapacidad, con el fin de que el mensaje pueda ser comprendido y acogido por cualquiera.
¿Quién puede hacer que los contenidos sean verdaderamente accesibles? Esta labor recae en personas expertas en traducción e interpretación con una formación específica que les permite adaptar los textos no solo desde el punto de vista lingüístico, sino también teniendo en cuenta las necesidades de colectivos diversos.
Abigaïl Grau Sanchis